Mi Despertar

La muerte de mi esposo cambió radicalmente mi mundo y el de mis hijos. Yo sé que nada volverá a ser igual, pero estoy aprendiendo a estar bien. Estoy aprendiendo a vivir esta nueva realidad que nunca pensé vivir.

Me quedé viuda hace casi un año cuando acababa de cumplir 41, con tres hijos, de 11, 10 y 4 años. Viuda de un hombre maravilloso, excelente esposo y papá, increíble hijo, hermano y amigo. Estábamos viviendo nuestro mejor momento de pareja. La pandemia nos llegó a unir más. El trabajaba desde casa y los niños tomaban clases virtuales. Así que, sin querer, nos volvimos más empáticos el uno con el otro lo que nos unió más como pareja y como familia. Puedo decir que tuvimos la gran suerte de disfrutarlo todos los días, a todas horas, por un año. Aunque no sé si eso hizo que fuera todavía más doloroso.

Recuerdo que en un principio sí llegué a pensar, ¿por qué EL y no YO? Hoy empiezo a aceptar y a entender que así tenía que ser y que tengo muchas más cosas que cumplir en esta experiencia terrenal. Me da paz pensar que nuestras almas ya lo tenían pactado así.

Sin duda ha sido el año más difícil de mi vida. Conocí el duelo, el dolor por la pérdida de un ser querido, de una buena pareja.  Sin más, un día su corazón dejó de latir de un minuto a otro, y así mi vida cambió también. En un principio no podía entender la realidad, no podía aceptarlo. Hoy aún me cuesta. Sigo aprendiendo a sobrevivir la muerte de mi esposo. Duele por lo que pasó, pero también por lo que ya no pasará.

Además, también tuve miedo, mucho miedo de verme sola con mis tres hijos, de mi futuro y el de ellos. Después de estar casada 13 años y vivir en pareja y en familia, me dio miedo ahora salir y enfrentar el mundo yo sola, sin ese cómplice y compañero de equipo y de vida.  A partir de ahora sería yo el pilar de esta familia, y eso claro que da mucho miedo. No sabía ni por dónde empezar.

Pero aún así, con ese dolor tan profundo y con ese miedo, decidí no dejarme vencer y enfrentar la vida. Por mis tres hijos y por mí también. Saqué una fuerza que no sabía que tenía, y esa fuerza fue la que me ayudó, a pesar de mi dolor, a poder abrazar y contener a esos tres corazoncitos que se hacían pedazos, y al mismo tiempo salir y enfrentar lo que la nueva vida me tenía preparado, entre eso, empezar con los miles de trámites que implica una muerte tan repentina.

Este mes, va a ser un año que enviudé, pero definitivamente hoy soy otra mujer muy diferente a la que era antes. La muerte de mi esposo fue un parteaguas en mi vida. Con él se fue la persona que algún día fui y me convertí en una mujer totalmente diferente. Con todo el dolor que sigue habitando en mi corazón y lágrimas en los ojos, puedo decir que hoy soy una mujer más fuerte, más segura de mí misma, más independiente y más amorosa. Y lo digo con mucho orgullo porque hace un año no pensé que lo lograría. Ha sido un camino muy oscuro en el cual todavía no alcanzo a ver la luz del todo, pero sé que hacia allá voy.

Nadie tiene la vida comprada. Ahora me doy cuenta que todo puede acabar en un abrir y cerrar de ojos sin que te des cuenta. Pero en medio del dolor y la pérdida, hay que levantarse y seguir. Siempre tendremos un motivo para hacerlo. En mi caso son mis hijos, yo misma y por honrar la memoria de mi esposo.

Lily Menéndez

“Nada es tuyo, la vida de to alquila, te lo presta para que lo disfrutes mientras lo tienes” – Walter Riso

 

 

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